30/5/10













Editor




Salve María!
Mi nombre es Juan Pablo Orozco Montoya, soy Tolimence y me encuentro en misión apostólica en la ciudad de Medellín.
Por medio de este blog, quiero mostrarles muchas de las actividades que realizamos los Heraldos del Evangelio, más conocidos acá en nuestro querido país (Colombia), como los “Caballeros de la Virgen”.
Es una alegría enorme el poder compartir con ustedes,al menos por este medio; varios de los matices de este gran nuevo Carisma, al cual Nuestra Señora me dio la alegría de pertenecer.
Les agradezco que visiten el blog, que me perdonen y corrijan si hay algún error de redacción, hagan comentarios a las entradas y que más que una visita a un simple blog, sea una oportunidad de conocernos y que sirva de excusa de María Santísima, para que vengan a palpar el actuar de Dios, en esta obra surgida y sustentada por el Espiritu Santo.

Si desea entrar en contacto con nosotros, puede hacerlo en Bogotá, Medellín o Cali en las siguientes direcciones:

Sede Social:
Calle 75 No 11 – 87Bogotá (Dpto. Cuninamarca)Tel: (57-1) 594 8686Fax: (57-1) 594 8682
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Calle 12 Sur No 25 – 163 Los balsosMedellín (Dpto. Antioquía.)Tel. (57-4) 317 0850Fax. (57-4) 317 0669
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Calle de Loyola 101 Vía PanceCali. (Dpto. Valle)Tel. (57-2) 555 3425Fax. (57-2) 555 1633

O por correo electrónico: correo@salvadmereina.org.co

Carisma


El carisma de los Heraldos del Evangelio se ve expresado en el sublime mandamiento de Jesucristo: “Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mt. 5, 48).
Para el Heraldo del Evangelio, este llamamiento a la perfección no debe quedarse restringido a sus actos interiores, sino que se debe exteriorizar en sus actividades, de manera que reflejen a Dios. Eso quiere decir que debe revestir de ceremonial sus acciones cotidianas, ya sea en la intimidad de su vida particular, ya sea en público, en la obra evangelizadora, en las relaciones con los hermanos, en la participación en la Liturgia, en las presentaciones musicales o teatrales, o en cualquier otra circunstancia.
Esta búsqueda de la perfección significa no sólo abrazar la verdad, practicar la virtud, sino hacerlo también con pulcritud, con belleza, que puede ser importante elemento de santificación. No sin razón nos recuerda el Santo Padre, en la Carta a los Artistas, la oportuna enseñanza del Concilio Vaticano II:
“Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración.”
En los primeros artículos de sus Estatutos se encuentra trazada la vocación de los Heraldos del Evangelio: “La Asociación ha nacido con el propósito de ser instrumento de santidad en la Iglesia, ayudando a sus miembros para que respondan generosamente al llamamiento a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, favoreciendo y alentando, con tal fin, la unidad más íntima entre la vida práctica y la fe de los mismos… Además, la Asociación tiene como fin que sus miembros participen activa, consciente y responsablemente en la misión salvífica de la Iglesia mediante el apostolado, al que están destinados por el Señor en virtud del bautismo y de la confirmación; actuando en favor de la evangelización, de la santificación y de la animación cristiana de las realidades temporales.”
Existen dos dimensiones en la vocación de los Heraldos del Evangelio: una vertical, respecto a las relaciones con Dios; otra horizontal, la del compromiso con los hermanos que se traduce en un empeño evangelizador. Ésta última es la consecuencia de una unión con Cristo, como bien nos recuerda el Santo Padre en su luminosa Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte: “Sin mí nada podéis hacer” (Jn. 15, 5).
La primera dimensión está expresada en el emblema de la Asociación: la Eucaristía, María y la Cátedra de Pedro. Son éstos los tres pilares de la espiritualidad del Heraldo del Evangelio.

Quienes somos


Heraldos del Evangelio, - más conocidos en Colombia como Caballeros de la Virgen- es una Asociación Privada Internacional de Fieles de Derecho Pontificio, la primera que fue erigida por la Santa Sede en el tercer milenio, dado con ocasión de la fiesta litúrgica de la Cátedra de San Pedro (el 22 de febrero) en el 2001.
Compuesta predominantemente por jóvenes, esta Asociación está presente en 57 países. Sus miembros practican el celibato y se dedican íntegramente al apostolado. Viven en residencias destinadas específicamente para hombres o para mujeres.
Alternan la vida de recogimiento, estudio y oración con actividades de evangelización en las diócesis y parroquias, poniendo especial empeño en la formación de la juventud.
Su espiritualidad está cimentada en tres puntos esenciales: la Eucaristía, María y el Papa. Estos puntos están representados con destaque en el blasón que los distingue.
Su carisma los lleva a procurar actuar con perfección, a la búsqueda de la pulcritud, en todos los actos de la vida cotidiana, incluso estando en la intimidad.
Por ver en la cultura y en el arte eficaces instrumentos de evange-lización, los Heraldos habitualmente echan mano de la música, tanto en las vocescomo en los instrumentos
De esta manera, varios coros y bandas sinfónicas han sido consti-tuidos por los Heraldos, con el fin de llevar su mensaje de fe, incentivo y confianza a la humanidad actual.
El principal conjunto musical de estos neo-evangelizadores –el Coro y Banda Sinfónica Internacional- fue constituido en São Paulo con personas oriundas de varias naciones, habiendo realizado ya desplazamientos por ciudades, estados, países e continentes, presentándose en iglesias, auditorios y estadios repletos de gente con sed de belleza y de espiritualidad.
El origen de los Heraldos del Evangelio se remonta a los años 50, cuando un grupo de jóvenes comenzaba a reunirse para cantar, conversar y rezar.
Tres nombres merecen ser especialmente recordados entre sus fundadores:

Nuestro Fundador


Mons. Joao Scognamiglio Clá Dias es natural de S. Paulo, Brasil, habiendo nacido el 15 de agosto de 1.939. Sus Padres, Antonio Clá Dias y Annitta Scognamiglo Clá Dias, constituían una familia de inmigrantes europeos (el padre era español, originario de Cádiz y la madre italiana es natural de Roma) en la cual la fe católica heredada de sus mayores era todavía muy viva.
Ese vigor de la fe se manifestó desde temprano en el joven Joao, ya que desde los bancos escolares procuraba organizar con sus colegas un movimiento para dar a los jóvenes una orientación virtuosa de la existencia. Hizo parte activa de las Congregaciones Marianas y – por invitaciónde un profesor- ingresó el 23 de mayo de 1.956 en la Orden Tercera del Carmen de los PP. Carmelitas de la antigua observancia, en la misma ciudad de S. Paulo, hecho que le marcó su vida.
Hizo sus estudios secundarios en el Colegio Estatal Roosevelt y de Derecho en la Facultad del Largo de Sao Francisco de S. Paulo. Durante el tiempo de sus estudios superiores se destacó como activo líder universitario católico en los convulsionados años que precedieron la revolución de laSorbonne en mayo de 1968.
Mons. Joao S. Clá Dias es Canónigo Honorario de la Basílica Pontificia Santa María Mayor en Roma, y Protonotario Apostólico. Fue graduado en Filosofía y Teología por el Centro Universitario Ítalo-Brasilero de Sao Paulo; Licenciado en Humanidades por la Pontificia Universidad Católica Madrey Maestra de República Dominicana; también es Maestro en Derecho Canónico del Pontificio Instituto Superior de Derecho Canónico de Rio de Janeiro.
Su intenso deseo de dedicar la vida al apostolado en la fidelidad al Magisterio de la Cátedra de San Pedro, sumado a la viva conciencia de la necesidad de un profundo conocimiento doctrinal, lo llevó a realizar estudios teológicos tomistas con grandes catedráticos de Salamanca (España) como el P. Arturo Alonso O.P., el P. Marcelino Cabreros de Anta C.M.F., el P. Victorino Rodríguez y Rodríguez O.P., el P. Esteban Gómez O.P., el P. Antonio Royo Marín O.P., el P. Teófilo Urdánoz O.P. y el P. Armando Bandera O.P.; como demostración de profundo agradecimiento con sus maestros, divulgó años después las biografías de varios de ellos con ediciones en España y los Estados Unidos: “Antonio Royo Marín, maestro de espiritualidad, brillante predicador y famosos escritor ”, “P. Cabreros de Anta CMF, firme pilar del Derecho Canónico en nuestro siglo”.
Más tarde el fruto de esos estudios fue la fundación de institutos para la formación intelectual y doctrinal de los Heraldos del Evangelio: El Instituto Filosófico Aristotélico-Tomista (IFAT) y el Instituto Teológico Santo Tomás de Aquino, como también el Instituto Filosófico-Teológico Santa Escolástica, para la rama femenina de los Heraldos, y la Facultad Heraldos del Evangelio que se inicia con los cursos de Filosofía y Teología.
Viendo que la música sería un eficaz medio de evangelización, perfeccionó sus conocimientos con el reconocido maestro Miguel Arqueróns, regente de la Coral Paulistana del Teatro Municipal de Sao Paulo.
Su anhelo de perfección lo condujo en 1970 a iniciar una experiencia de vida comunitaria en un antiguo inmueble benedictino de Sao Paulo. De sus primeros compañeros ninguno perseveró. Sin embargo, tras numerosas dificultades, aquella experiencia adquirió solidez, dando origen al movimiento de evangelización dirigido por Mons. Joao Clá. Se multiplicaron -a partir del foco originario, casas de vida comunitaria donde sus miembros se dedican a la oración y al estudio, como preparación para la acción evangelizadora. Jurídicamente tomó la forma de una Asociación Privada de Fieles, Heraldos del Evangelio en la diócesis de Campo Limpo (Brasil). Y como consecuencia de su instalación en otros 20 países fue reconocida por el Pontificio Consejo de Laicos el 22 de febrero de 2001 como una Asociación Internacional de Derecho Pontificio, que hoy extiende sus actividades a 57 países en los cinco continentes. Poco tiempo después el Vicariato de Roma confió a los Heraldos del Evangelio encargarse de la iglesia San Benedetto in Piscínula.
Mons. Joa Clá Dias es el fundador y actual Presidente General del los Heraldos del Evangelio.
Organizó también la rama femenina de los Heraldos, a la cual aplicó -de manera semejante pero separada de la rama masculina- el ideal de vida comunitaria como medio para alcanzar la santidad y preparase mejor para la misión evangelizadora. De esta rama femenina de los Heraldos, nació más tarde la Sociedad de Vida Apostólica Regina Virginum que fue erigida canónicamente en la diócesis de Campo Limpo por Mons. Emilio Pignoli.
El deseo de una mayor entrega al Señor y a los hermanos, llevó a Mons. Joa Clá a prepararse para el ministerio sacerdotal junto con algunos de sus compañeros. Siendo la Orden del Carmen uno de los remotos orígenes de los Heraldos del Evangelio, Mons. Lucio Angelo Renna prelado carmelitano Obispo de Avezzano (Italia) en su momento, fue quien acogió los primeros sacerdotes de esta Asociación. Todos fueron ordenados presbíteros junto con Mons. Joao Clá el 15 de junio de 2005 en la Basílica del Carmen donde 50 años atrás éste comenzara sus actividades al servicio de la Iglesia y de sus hermanos. La ceremonia de ordenación fue honrada con la presencia del Cardenal Mons. Claudio Hummes, siete obispos y setenta sacerdotes que concelebraron.
Estos primeros sacerdotes Heraldos constituyeron la Sociedad Clerical de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli que fue erigida canónicamente por el propio Mons. Renna, Obispo de Avezzano. Actualmente Mons. Joa Clá –como P. fundador de Flos Carmeli, es su superior general.
En el propio ámbito de los Heraldos del Evangelio, Mons. Joa Clá ha organizado cerca de 50 coros y bandas musicales en los países donde aquellos trabajan. Es regente del Coro y Orquesta Internacional Heraldos del Evangelio que ya ha realizado varias giras musicales por distintos países de Europa y las Américas.
Ha escrito también obras de gran divulgación (algunas llegando a sobrepasar el millón de ejemplares) publicadas en portugués, español, inglés, italiano, francés, polaco y albanés:“Fátima, aurora del tercer milenio”, “El Rosario, la oración de la paz”, “Sagrado Corazón de Jesús, tesoro de bondad y amor”, “Medalla Milagrosa, historia y celestial promesa”, “Viacrucis”, “Jacinta y Francisco, predilectos de María”, “Oraciones para eldía-día”, “Madre del Buen Consejo”, “Doña Lucilia” y “Comentarios al Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción ”.
Mons. Joas Clá es actualmente miembro de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino, de la Academia Mariana de Aparecida y de la Pontificia Academia de la Inmaculada Concepción. Fue condecorado por su actividad científica y cultural con la Medalla de Ciencias de México y distinguidocon título Honoris Causa por el Centro Cultural Universitario Italo-Brasilero de Sao Paulo.
Es fundador y columnista habitual de la revista Heraldos del Evangelio que se publica en Portugués, Español, Italiano e Inglés con un tiraje de algo más de 700.000 ejemplares y en la cual mantiene desde el 2002 su sección “Comentarios al Evangelio”. Mons. Joao Clá también estimuló y apoyó la publicación de la revista académica “Lumen Veritatis” de la Facultad de los Heraldos del Evangelio que salió a luz en octubre de 2007 y de la cual es igualmente columnista habitual.
Para auxiliar obras de apostolados precarios Mons. Joao Clá creó dentro de la estructura de los Heraldos del Evangelio en Brasil el Fondo de Asistencia “Misericordia” que recolecta donaciones directas.
En el 2005, con su impulso y orientación inició actividades lectivas el Colegio Heraldos del Evangelio Internacional.
La construcción de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario en el Seminario de los Heraldos del Evangelio, ha sido hasta ahora su más reciente realización, y gracias a su iniciativa está siendo concluido ya el monasterio del Monte Carmelo de la Sociedad Regina Virginum.

El ¿por que? de Salve Maria


¡SALVE MARIA¡


Si ¡Salve Maria¡ como San Pedro. El todos los dias saludaba una Imagen de la Virgen diciendo ¡Salve Maria¡.

Un dia paso con afan y no saludo la Imagen emtonces la Virgen le dijo Salve Pedro, el se devuelve y saluda la Imagen.


Por eso los heraldos decimos asi: ¡Salve Maria¡